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miércoles, 2 de marzo de 2011

François Ascher y la Sociedad Hipertexto


Los Nuevos Principios del Urbanismo de François Ascher (Alianza Ed. 2009) es tal vez uno de los textos más sintéticos y a la vez ricos en profundidad de análisis y densidad de contenidos que se hayan publicado sobre urbanismo en los últimos años. Su profundo carácter contemporáneo radica en el peso que concede a los factores sociales y económicos como generatrices de lo que hayan de ser las nuevas estrategias urbanas, trazando para ello la línea lógica y evolutiva desde los principales planeamientos urbanísticos del pasado hasta el día de hoy. El esfuerzo de Ascher por comprender la sociedad contemporánea es consecuencia de su firme convicción de que las formas de las ciudades […] cristalizan y reflejan las lógicas de las sociedades que acogen.

El autor establece tres puntos clave en la historia de las ciudades en lo que denomina tres grandes Revoluciones Modernas:

  • Primera revolución: la ciudad del Renacimiento y de la Edad Moderna.

Basada en los cambios de pensamiento humanistas que se centran en el individuo, el nacimiento de un nuevo poder del Estado y la constitución de la Arquitectura como nueva disciplina y arte mayor, la ciudad del renacimiento se concibe por vez primera de forma racional para individuos diferenciados y se planifican siguiendo criterios racionalizados, naciendo el concepto de Proyecto.

  • Segunda revolución: la ciudad Industrial

Comienza en torno a los principios del Taylorismo consiguientes a la Revolución Agrícola y la migración hacia las urbes, sigue en un principio estrategias de producción industrial de especialización (separar y simplificar) aplicadas al urbanismo con el nombre de Zonificación. Su evolución desembocará en la filosofía Fordista de producción y consumo de masas, que junto a combinación de electrodomésticos y vehículo privado, dará lugar a la dispersión territorial y la aparición de barrios monofuncionales suburbanos. Esta segunda revolución cristaliza en lo que Ascher llama el urbanismo Fordo-Keysiano-Corbusiano: expresión de una racionalidad simplificadora mediante la planificación urbana, las zonificaciones monofuncionales y las estructuras urbanas jerárquicas; un urbanismo adaptado a la producción y al consumo masivo en los centros comerciales, las zonas industriales y la circulación acelerada y, asimismo, materialización del Estado de bienestar con los equipamientos colectivos, servicios públicos y viviendas sociales.

  • Hacia la Tercera Revolución Urbana

Ascher sitúa la Tercera Revolución Urbana en la actualidad, fruto de determinados cambios en el pensamiento en torno a la evolución de los procesos de individualización, racionalización y diversificación aparecidos en las revoluciones previas, que dan lugar hoy a criterios de modernización reflexiva, técnicas de marketing relacional, progreso de las ciencias cognitivas y nuevos enfoques sobre la complejidad.

Estos cambios dan lugar a dos estructuras básicas a las que debe adaptarse la planificación urbana hoy: la existencia de una sociedad hipertexto organizada según parámetros de un nuevo capitalismo cognitivo. Sus efectos sobre las ciudades ya están en marcha, reflejados en lo que Ascher resume como metapolización de las ciudades, transformación de los sistemas de movilidad urbana, recomposición social de las urbes, redefinición de las relaciones entre los intereses individuales, colectivos y generales, y nuevos análisis de riesgos.

Sociedad Hipertexto

Merece la pena detenerse en la interpretación de Ascher de las formas de vida contemporáneas en las sociedades occidentales que le llevan a definir a la sociedad como Hipertexto.

Percibe el autor que, a pesar de la persistente imposición de las condiciones económicas y socioprofesionales, la pertenencia a grupos sociales compactos es cada vez menos perceptible. Al contrario, el amplio abanico de posibilidades, la movilidad, los modos de producción y consumo impuestos por la globalización y la necesidad constante de elegir hace tender a la sociedad hacia una individualización y diversificación cada vez mayor.

Uno de los pilares de la sociedad hipertexto es la multipertenencia social: frente al peso de los vínculos familiares, gremiales y comunitarios de la sociedad rural y su evolución hacia las relaciones (más diversas y específicas) vecinales, profesionales y de clase de la ciudad industrial, la sociedad urbana actual desarrolla la vida a otra escala: los vínculos sociales se han multiplicado, no tienen muchas coincidencias sociales, son más numerosos pero más débiles. Se trata de un tejido social y culturalmente homogéneo, con finura y elasticidad que se configura en redes, con múltiples individuos y organizaciones conectadas entre sí, funcionando con solidaridad conmutativa (frente a la mecánica rural o a la orgánica industrial).

En palabras del propio Ascher, las personas se encuentran así en campos sociales distintos como las palabras en los diferentes documentos de un hipertexto. Interactúan en uno con los compañeros de trabajo de acuerdo con una “sintaxis” profesional, en otro con los parientes según una “sintaxis” familiar, en un tercero con socios según una “sintaxis” deportiva, etc. Estamos ante los “individuos-palabra” que constituyen por sí mismos los principales vínculos entre estos “textos-campos sociales”. Pasan de un campo a otro ya sea desplazándose o mediante las telecomunicaciones.

Esta nueva estructuración de la sociedad nos puede plantear serias dudas sobre cómo puede adaptarse la estructura física de las ciudades a este modo de vida hipertexto. Es probable que hayan quedado obsoletas gran parte de las infraestructuras físicas y administrativas que fueron planificadas según criterios de las sociedades precedentes para unos ciclos ahora inexistentes y unos usos especializados que ahora son cambiantes. Puesto que las funciones del urbanismo y de la arquitectura siguen siendo la de generar escenarios de habitabilidad para albergar las interacciones humanas, la pregunta sería cómo puede enfrentarse una praxis que genera entorno real a unas necesidades de inmediatez y cambio que a priori pudieran resultar incompatibles con la naturaleza misma de la disciplina.

Al margen del completo decálogo de estrategias propuestas por Ascher, podríamos mencionar tres estrategias básicas:

- Flexibilidad. No entendida esta únicamente como indefinición espacial o minimalismo flexible que deje nuestras plazas a merced de los skaters, sino flexibilidad real de la planificación, que sepa retroalimentarse de su propia evolución, planteando los cambios que sean necesarios e imponiendo mínimas trabas a nuevos requerimientos. En este sentido parece necesario revisar los instrumentos de gestión urbanística.

- Participación. Ante la diversificación creciente en el seno de la sociedad, la participación se perfila como uno de los elementos indispensables para alcanzar un grado de equidad y adaptación aceptable.

- Nuevo énfasis de los espacios de relación. Ahora que el entorno de lo virtual se vuelve cada vez más accesible, es muy posible que la experiencia física cobre una importancia nueva. El espacio público será el escenario de esa experiencia física, enfatizando sus propiedades sensoriales y relacionales, para lo cual será imprescindible cuidar sus condiciones de habitabilidad.

Los dos últimos puntos mencionados, la participación y la relación en espacios públicos, ayudará también a reforzar la identidad colectiva, ya que como Ascher subraya, el reto de la democracia se encuentra en transformar esta solidaridad conmutativa de hecho en una solidaridad reflexiva, es decir, en ser conscientes de pertenecer a sistemas de intereses colectivos.

Jorge Moreno Fernández

François Ascher (1946-2009) dirigió en Instituto de Urbanismo de París y el consejo científico del Instituto para la Ciudad en Movimiento, y fue profesor del Instituto Francés de Urbanismo. En 2009 se le concedió el Gran Premio de Urbanismo.



1 comentario:

  1. Como bien dices, el urbanismo es disciplina del entorno FÍSICO. En El Malestar en la Cultura, Freud plantea con mucha lucidez la diferencia entre los procesos de evolución de lo espacial y corporal y del fenómeno de evolución de lo PSÍQUICO, caracterizado por el principio de conservación de lo primitivo junto a lo desarrollado.
    La evolución de la cultura, en mi opinión (y sobre todo en la de Nietzsche), participa de la conservación inconsciente, mientras que el entorno urbano no cambia con esta lógica. De aquí surge la dialéctica negativa del progreso de las civilizaciones urbanas y la obsolescencia inevitable de las arquitecturas.

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